Hoy te hablo de mi, de algo que cada tanto me pasa y que estoy segura que a ti, alguna que otra vez también te ocurre.
Quiero hablarte del estrés, de la sensación de agobio y del ¡no puedo más!
Es una sensación muy común y generalizada, pero eso no la convierte en ‘normal’. Aceptar como cotidianas este tipo de sensaciones, sentimientos y pensamientos es un error monumental que nos lleva a la infelicidad y a una mala salud mental. Yo me considero una superyuppie de pies a cabeza, pero eso no me convierte en una súper woman, o en una súper máquina.
Soy una persona como tú y si me lees a menudo sabrás que lo de vender motos y cortinas de humo no va conmigo. Soy positiva y optimista, pero no vendo ningún ideal. No te digo ni que soy la más efectiva del mundo, ni la más feliz, ni la que tiene una vida de ensueño ni nada que se le parezca.
Intento vivir de mi sueño eso si, y soy perseverante, tirando a terca capaz. Por eso cuando recibo mails en los que se me pregunta por el secreto de mi éxito, de como hago para aún estando de viaje poder seguir trabajando a este ritmo, cuando personitas como tú me pedís consejo sobre como ser una emprendedora con tanta repercusión… Me digo: ¿éxito, consejos, secretos? Elia, aquí hay algo que anda mal.

Solemos idealizar a las personas que no conocemos, y si encima estas personas te venden una imagen de perfección total, pues todavía lo hacemos más.
Yo no quiero engañarte, no quiero convertirme en el espejo de nadie, lo he dicho muchas veces, no persigo la fama, ni ser la gurú de las emprendedoras, ni nada especial. Simplemente quiero ayudar y de paso, ganarme la vida con este proyecto, que me apasiona, me llena, me hace feliz y a veces me estresa. Si, hoy o ayer, depende de cuando  leas este post, tuve un día horrible, de esos llamados ‘de estrés mental’, seguro que conoces ese estado…
Motivos… Haberlos haylos, y si los empiezo a enumerar seguro que no acabo, pero principalmente se basan en algo que tú y yo conocemos muy bien, la falta de tiempo y el exceso de trabajo.
Me considero una persona eficiente, ordenada, metódica y disciplinada, habilidades, aptitudes y cualidades no innatas y que su tiempo, esfuerzo y lágrimas me ha costado aprender y asimilar. (De hecho estoy redactando una Guía Completa de Gestión del Tiempo para publicar de aquí a un mes más o menos, aplicando todos los conocimientos adquiridos en este campo) Pero con todo y con eso y a pesar de toda la teoría, hay días en los que el tiempo simplemente, no me da. Y me pongo de mal humor, me agobio, todo se me hace un mundo y soy incapaz de avanzar. Pero esto no es todo, porque además y debido a mi situación actual, (en la otra punta del mundo, en medio de una selva en una isla semi perdida, que puede sonar muy paradisíaco pero no lo es tanto) acabo trasladando mi frustración y mi mal estar con la persona que tengo más cerca, en este caso: mi pareja.

La falta de tiempo.
Seguro que sabes de lo que te hablo, si eres madre… Aún más. Las horas del día vuelan, se nos escapan de entre los dedos y no sabemos como reaccionar. Lo más común es tirar hacia el lado oscuro, es decir, nervios, ansiedad, enfados y castigos mentales auto infligidos… ¿Verdad?
Bueno, pues basta. Quiero ofrecerte otra alternativa, algo que aprendí hace algún tiempo y que es digno de practicar. Se trata de ‘no hacer’, de desconectar, de hacer lo que los publicistas llamaron en su día… Un kit-Kat. No hay una única manera, aunque la técnica es la misma para todo el mundo, sólo que depende de como sea tu vida, tu ambiente o incluso el lugar en el que vives, deberás adaptarlo a él.
Cuando sientas que no puedes más, que tienes mil cosas por hacer y que no vas a llegar… Cambia el chip. No te martirices, porque aunque lo hagas, igual no vas a llegar.
Sólo necesitas media hora para hacer este ejercicio. Yo te cuento como lo hago  normalmente y tú luego ideas como adaptarlo a tu propia situación.
Yo suelo sacar a pasear a mi perra por la playa (vivo frente al mar en España), sea invierno o verano, llueva o haga solano. Mientras ella se reboza y olfatea algas y demás, yo me siento frente al mar, con la espalda recta y las piernas cruzadas (posición básica de yoga) y me concentro en el sonido del romper de las olas junto a la orilla.
No pienso, me obligo a no pensar, y la única manera de hacerlo es dándole a tu mente una orden que solape a la que te aturde, una orden de paz.
He intentado por activa y por pasiva lo de ‘dejar la mente en blanco’ pero no he logrado hacerlo nunca, así que enfoco mi atención en algo banal como un sonido, en el cual no tengo que pensar y así me relajo. Además, acompaño esto con un único ejercicio de respiración. Nada raro. Tan simple como respirar profundo y calmado.
Nada más.
Y con esto, al cabo de diez- veinte minutos, frente a la inmensidad del mar, mis problemas se trivializan y pienso que si hoy no me da tiempo de hacer esto o aquello, el mundo igual no se va a acabar. Y por mucho que intente auto engañarme diciéndome que no, que A o B o C es lo más importante del mundo mundial… En el fondo SÉ que no es verdad.
No hay nada más importante que mi paz interior y mi salud mental.
Y de hecho, y ya para finalizar, te diré que muchas veces, cuando vuelvo a casa después de este ‘respiro’ soy capaz de ponerme de nuevo en marcha y afrontar algunas de las tareas que minutos antes daba por imposibles de terminar.

Ahora mismo no estoy en casa, no tengo a mi perra, pero tengo la misma necesidad de Parar y Respirar, por eso esta tarde he ido a reconciliarme conmigo misma a orillas del mar.
He visto una puesta de sol hermosa, me he dado cuenta nuevamente que la vida es un regalo y que el estrés, el agobio o la ansiedad son los males endémicos de nuestra sociedad. Y yo, amiga mía, no quiero estar enferma, quiero estar bien, ser una persona sana en todos los aspectos de mi vida. ¿Te suena lo de mens sana in corpore sano, verdad?
Acabo ya, esperando y deseando que mis palabras no caigan en saco roto, con la esperanza de que tu también quieras ser una persona sana de verdad y por lo menos una vez, aunque sea sólo una, intentes este ejercicio que te he propuesto.
No lo compartiría sino supiera que funciona si o si, y por ello, y aunque no se si te va a llegar, te envío un poquito de esta puesta de sol, de este momento de paz…

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