post_catrasca_mastermind

En el largo camino del emprender, uno se encuentra con de todo.

Hay días ‘súper’, hay días ‘psee’ y otros totalmente ‘chof’.
Hay gente majíiiiisima, hay gente que ‘bueno’, y hay personas que ‘puffff’.
Hay proyectos que molan, otros que no tanto y alguno que ni’patrás.

El caso es que dejando las onomatopeyas de lado, y tras esta introducción tan expresiva, puedo decir con certeza absoluta que emprender va más allá del acto de iniciar un algo y concierne e incide directamente sobre nuestro estado anímico y perspectiva vital.
Si algo he aprendido en este camino, (ojo! yo sólo estoy a la mitad del recorrido) es que nuestro estado emocional repercute directa y proporcionalmente en la evolución de nuestro trabajo/proyecto/objetivo.
Y si hay algo que me ha ido quedando claro con el devenir de la vida, es que la evolución personal es inevitable, que lo de reciclarse o morir trasciende el dicho y que o te adaptas a lo que tu naturaleza te pide o más te vale tener un ángel de la guarda.
Yo he estado buscando por google a ver si en algún portal e-commerce me vendían uno pero siento comunicaros que no, que no los hay… deben haberse agotado con las rebajas.

El caso es que sin protección divina que interceda por nosotros -pobres mortales-, nuestros cuerpos físico y emocionales van por la vida sin escudo que los proteja y como valientes y aventureros emprendedores que somos, nos exponemos a darnos un festival de hostias y patacazos.
No sé tu, pero yo, que creí haber digievolucionado a lo pokemon 2.0, me he dado cuenta de que sigo en la línea floja entre  la catrascaduría y la mastermindad.
Digo ‘me he dado cuenta’ por no decir que mi cuerpo y su voz propia han cogido un megáfono y me han gritado a la oreja: ¡¡Nena, echa el freno que te la vas a pegar!!

La verdad es que hasta hace unos días iba maldiciendo a los tuertos del mundo creyendo que alguno, malvado y cruel, me había mirado mal y por eso todas las sinrazones del mundo mundial me iban sucediendo una tras otra y sin descanso intersemanal.
Intoxicación alimentaria, erupción cutánea por alergia a las picaduras de insectos, un coco que te cae a centímetros y casi te mata, un erizo que decide formar parte de tu pie, San Lorenzo y sus quemaduras, una segunda intoxicación alimentaria, Miss Cistitis que se transforma en infección renal y como guinda del pastel… una caída en moto que te deja medio cuerpo hecho una lágrima.
Lo que mis amigos argentinos llamarían una catrasca* de pies a cabeza vaya!  (*persona que comete cagada tras cagada)

Y ahí, empiezas a replantearte si tu digievolución va por buen camino o hay algo que estás haciendo mal y por eso la alineación interplanetaria no se produce y en tu universo particular ha estallado el caos con una supernova intergaláctica.
Aha! mi conclusión personal ante este panorama es que no, que la culpa no es del pobre tuerto de turno sino mía y sólo mía por estar carburando mal.

Y es que en mi camino hacia la mastermindad a veces me olvido de algo que ya sé pero que no siempre tengo presente, en el equilibrio está la clave. Gracias al equilibrio las cosas se mantienen, flotan, fluyen  y no te ponen al borde del abismo a cada nada.
Involucrarse en el trabajo, y más cuando el proyecto es tuyo es inevitable, querer mejorar día a día en él es irremediable, querer seguir creciendo, ampliando, ideando, materializando y todos los ‘andos’ es alentador, motivador y vital. Es decir, es necesario.
El problema aparece cuando la balanza se desequilibra y pesa más tu trabajo que tu propia Vida.
Yo me considero bastante equilibrada pero también me reconozco una tendencia medio psicópata a creerme una superwoman omnipotente y todopoderosa, y no es que tenga aspiraciones divinas, sino que sé hasta donde puedo llegar y suelo vivir a milímetros de esa línea roja tan peligrosa y que un día (catrascazo de por medio) prometí nunca volver a cruzar.

Si estoy metida en estas elucubraciones es porque ayer me pegué un piño en moto, y más allá del susto y de tener raspones hasta en las pestañas (duelen mamá) me di cuenta de que hacía días que había cruzado esa línea, que mi cuerpo había estado avisándome hacia semanas y que yo, por lerda y cegata, no me había percatado de tal cosa.
Ayer fue un día complicado, doloroso (creo que esto lo va a ser por varios días más) pero muy clarificador.
Ok buddy-body!! Lo he pillado, no hay tuerto que valga ni catrasca que 100 años dure, lo importante es aprender, corregir y evolucionar.
Así que hoy encaro de nuevo el día con mi espíritu de mastermind pero siendo consciente de nuevo que en todo hay un límite y que hasta donde se puede, es dónde hay que llegar.
Querer vivir fuera del límite es peligroso tanto para la salud física como mental.

A modo de conclusión, porque sé que el post de hoy es más raro de lo normal, puedo decir que emprender es bueno, es buenísimo de verdad! Pero que antes que todos los proyectos, colaboraciones, ideas, sueños, blablablablablá, estamos nosotras, personitas de carne y hueso, nosotros somos el motor para que estos sueños se hagan realidad y  si nos pasamos de vuelta, el motor va a ir a toda leche pero el coche no va a arrancar o si lo hace, es muy posible que en la primera curva se la pegue mal.
Así pues, esta entrada tiene un fin doble, en primer lugar, poner por escrito este pensamiento que leeré y releeré cada vez que vea que mi inconsciente ha puesto la quinta y en segundo término, intentar evitar piñazos ajenos.
Aunque esto último, va a ser un poco más difícil de alcanzar, verdad?

Sea como sea ahí queda mi experiencia, por si alguien más se puede identificar…

Un beso,
Elia